LOS REBELDES DE LA GLOBALIZACIÓN

I ) Radiografía de una protesta.

 

Las desigualdades del libremercado gestaron un frente opositor tanto internacional cuanto variopinto, unido más por su oposición a las consecuencias de la globalización que por un programa común. Funcionan sobre la base de la horizontalidad, el consenso y la autonomía, y se declaran no violentos.

OLGA VIGLIECA. De la Redacción de Clarín


 

U

n fin del milenio debe prenunciar catástrofes. Tal vez por eso -ya no era fácil creer en el fin del mundo- se inventó un cierre del milenio a tono con el air du temps: fue el Y2K. Y mientras la gente miraba los monitores tratando de escudriñar qué forma adquiriría la traición informática -esa hecatombe que demostraría que las invenciones de la tecnociencia eran vulnerables, que las ilusiones de exactitud sistémicas se harían añicos con aviones cayendo como barriletes-, miles de personas se preparaban para ofrecer otro shock de envergadura. No fue la informática la que reveló las imperfecciones de un mundo que se juzgó por un par de décadas- las del 80 y 90- tan poderoso como inmutable. Fueron el sistema global y los funcionarios de los organismos económicos mundiales quienes descubrieron la mañana del 30 de noviembre del 99 en Seattle -una ciudad del Norte de EE.UU., cuna de fenómenos tan dispares como Nirvana y Microsoft- que había concluido la aparente quietud en la que parecían haber entrado los movimientos sociales en esta era de universalización del capitalismo.
 
Encerrados en los lobbies de los hoteles, llegando tarde a una ceremonia de

inauguración que nunca aconteció, los funcionarios que asistían a la cumbre de la Organización Mundial de Comercio (OMC), vieron pasar tras los ventanales de los hoteles un raro carnaval de campesinos, indígenas, estudiantes, ecologistas, hippies envejecidos y hippies tardíos, ambientalistas, rabinos, ligas de consumidores, pastores, sacerdotes, anarquistas, pescadores, gays, lesbianas, defensores de los animales y de los bosques y académicos para expresar que consideran al mundo en exceso desigual. Que la explotación irracional del planeta pone en riesgo la sobrevivencia. Estuvieron, como después se reveló por la prensa, los Sin Tierra de Brasil y los de Sri Lanka junto a estudiantes australianos y trabajadores italianos. Mineros andinos y campesinos japoneses deseosos de cultivar el arroz a la vieja usanza. Punks y hippies del bracete, al lado del profesor Swamy, que estuvo en la cárcel por volar los contaminantes basureros del Kentucky Fried Chicken en Bangalore, India. También hubo rubios obreros canadienses y norteamericanos con pancartas que denunciaban el malvivir y la miseria de los trabajadores del Tercer Mundo. Pedían la condonación de la deuda externa, denunciaban que sus fábricas cierran para trasladarse a latitudes donde los salarios y las condiciones de trabajo siempre van a la baja. Una bandera que, hasta ahora, sólo levantaba un puñado de ONG al estilo del National Labor Committee. A partir de Seattle, las pancartas de la IWW (Industrial Workers Of the World), de los sindicatos canadienses, de los metalúrgicos y los estibadores de Estados Unidos, hasta la apacible AFL-CIO, comenzaron a frecuentar estos actos.
 
 

Algo sucedió camino al Foro


 
Después de Seattle, la cita se ha repetido. Las organizaciones surgidas en 1945 de los Acuerdos de Breton Woods -el FMI, el BM-, artífices del libre mercado, deben sesionar custodiadas por policías atildados como robocop, acosadas por los llamados "globalifóbicos". Para más perplejidad, muchos no rehúsan sentarse a debatir cuando los invitan a compartir las sesiones, como ocurrió en el Foro de Davos. El 1 de Mayo fue otra fecha antiglobal, y si bien destacaron los escándalos en Londres y Alemania, hubo un reguero de "actos anticapitalistas" en muchas ciudades de Europa, Australia, Canadá y Estados Unidos. Una cartel en Nueva York decía: "Obreros y ecologistas, unidos por fin contra el libre comercio y la globalización.
 
Según las estadísticas de Naciones Unidas y al calor de las políticas neoliberales, un centenar de multinacionales han logrado imponer sus reglas y acaparar el 75,5 por ciento del comercio global. Las ventas de las cinco transnacionales más importantes -General Electric, Ford Motor, Royal Dutch/Shell, General Motors y Exxon- durante 1999 alcanzaron 670 mil 900 millones de dólares. El 44,3 por ciento de ese capital no fue facturado en el país de origen. Granjeros reunidos en Seattle portaban un cartel: "No es la lucha de un país contra otro, es la lucha contra las transnacionales que amenazan la vida".
 
¿Cómo llegaron al mismo punto geográfico y político sujetos que se miraban si no con recelo, con franca antipatía? El frente entre los trabajadores y los intelectuales críticos de EE.UU. estaba roto desde los días de la invasión a Vietnam. También los ecologistas habían sido acusados de despreciar las fuentes de trabajo, porque no aceptarían trabajar en las centrales nucleares.
 
El número de organizaciones y su diversidad, su pertenencia a varias redes internacionales vuelve difícil una radiografía cabal. Junto a los ambientalistas debaten los sobrevivientes de Chernobyl o de la catástrofe provocada por la Union Carbide en Bophal, India.
 
Las redes campesinas son protagónicas y destacan dos. La Vía Campesina, que reúne 69 organizaciones en 37 países. Son "campesinos sin tierra, pequeños y medianos productores, mujeres rurales y pueblos indígenas que luchamos contra la globalización de la economía y el hambre del mundo". Desde su primera reunión -Managua, 1992- proponen una reforma agraria planetaria. En su página web afirman: "A los campesinos y pequeños productores se les niega el acceso a la tierra, el agua, las semillas y los recursos naturales... estamos resueltos a crear economías autónomas rurales que se basen en el respeto a nosotros mismos y derecho a la soberanía alimentaria y el comercio justo. Privatizar y comercializar los recursos genéticos por parte de las compañías privadas y transnacionales debe ser prohibido. El acuerdo del derecho de propiedad intelectual de la OMC es inaceptable. Las comunidades campesinas tienen el derecho de proteger los recursos genéticos incluyendo las semillas que han desarrollado a través de la historia". Exigen que la OMC sea excluida de cualquier negociación sobre producción y comercialización de alimentos.
 
La Confederation Paysanné Européenne rechaza el ingreso al Viejo Continente de las semillas modificadas por la biotecnología y está en contra de la explotación irracional de la tierra. Las semillas "transgénicas" generan frutos perfectos pero estériles y obligan a comprar otras nuevas a la hora de volver a sembrar. Además, buena parte de la alimentación queda en manos de las multinacionales que las fabrican, como Monsanto o Novartis. La Confederation propone "un intercambio basado en la solidaridad y el comercio equitativo". Las exigencias del librecomercio, dicen, sólo globalizan el hambre.
 
Aunque muchos de los grupos hacen de la autonomía y la horizontalidad un culto y rechazan los liderazgos, hay un afiliado muy popular de la Confederation. Es José Bové, quien destruyó treinta toneladas de semillas transgénicas de maíz. Condenado a 8 meses de prisión, en su alegato sostuvo que sólo se arrepentía de no haber destruido más y "que el desarme del poder financiero debe convertirse en un interés cívico de primera magnitud si queremos evitar que el mundo se convierta en una jungla donde los predadores impongan su ley". Despertó simpatía hasta en el premier Lionel Jospin.
 
También intervienen en la guerra contra la desigualdad global entidades que nuclean medios de comunicación, científicos, académicos."OMC; FMI; BM: 50 años es bastante" es una red que propone una modificación radical de esos organismos. Resistencia Alternativa, donde coexisten las Madres de Plaza de Mayo con otros grupos latinoamericanos y defensores de los inmigrantes en Europa como el franco-belga Malgré Tout (a pesar de todo). El presidente de Malgré Tout es un psicoanalista argentino radicado en Francia, Miguel Benasayag, que explica: "Se trata de construir un futuro social en contrapartida con el liberalismo". También destaca el grupo ATTAC, en el que forman desde Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique, la escritora Viviane Forrester o el músico Manu Chao hasta sindicatos, bancos pequeños, feministas. Reclaman un impuesto sobre todo tráfico del capital financiero y que se use en beneficio de los pobres: más de 50 eurodiputados los apoyan. En 1999, ATTAC inauguró su filial argentina.
 
Todos se jactan de no tener secretos: las reuniones son públicas y los acuerdos, por consenso. Antes de cada acto, millones de e-mail cruzan el espacio virtual afinando acuerdos. Para escapar del sexismo en el lenguaje, sustituyen la a o la o que subraya el género por la neutra arroba. Nosotr@s, trabajador@s, ecologist@s. Acción Global de los Pueblos (AGP), unas de las coaliciones más numerosas, se fundó en 1994, en Génova. En agosto del 99, en Karnakata, India, pactaron la estrategia para Seattle. Las conclusiones están en internet: "Rechazamos todas las formas y sistemas de dominación y discriminación, entre otros el patriarcado, el racismo y el fundamentalismo religioso de todos los credos. Abrazamos la dignidad completa de todos los seres humanos." Y definen: "La nueva estrategia para concentrar poder y riqueza y para neutralizar la resistencia popular se denominan globalización económica y libre comercio. Sólo enmascaran la pobreza, la miseria y la destrucción ecológica". AGP acordó en Karnakata "un acuerdo básico para crear una base de confianza y saber lo que podemos esperar de l@s otr@s: no usaremos violencia, física o verbal, hacia ninguna persona. No poseeremos armas de ningún tipo. No traeremos ni usaremos alcohol o drogas ilegales. No destruiremos propiedad." Estas pautas debieron incomodar a más de uno. Pero fueron respetadas.
 
En Seattle se prefijó hasta quiénes podían reservar unos días para estar presos y quiénes no, en el contexto de una política de "atiborramiento de las prisiones", considerada útil para evitar los chivos expiatorios y obtener la rápida liberación de los detenidos. Semanas antes, la Red de Acción Directa capacitó a miles de personas en técnicas de no violencia: un curso sobre cómo mantener la calma en situaciones de tensión, cómo enfrentar la brutalidad y tomar decisiones colectivas. Se escenificaron situaciones reales y se impartieron nociones de historia y filosofía de la no violencia.
 
Starhawk, una escritora feminista integrante de la Red de Acción Directa, explica: "La policía no estaba preparada para afrontar la no violencia. Supongo que nuestro modelo de organización y de toma de decisiones era tan ajeno a su imagen de lo que constituye el liderazgo, que literalmente no podían ver lo que ocurría frente a ellos. Cuando los autoritarios piensan en liderazgo visualizan a una persona, generalmente hombre, o un pequeño grupo que le dicta a los demás lo que tienen que hacer." Los disconformes del mundo global irrumpieron con espectacularidad, renovando una intensidad política olvidada. Sus prácticas, además, parecen más fluidas y respetuosas de las diferencias y la subjetividad que otras que las precedieron. Por ahora, parecen ser homogéneas. Nadie les podrá negar el mérito de haber encendido viejos fuegos.
 
Colaboró Héctor Pavón.

II) Chomsky: la era de Seattle

El intelectual estadounidense Noam Chomsky evaluó así las protestas en Seattle:

"Hay varios elementos importantes. En primer lugar, no se dió de manera espontánea, sino que fue el resultado de eficientes actividades educativas y organizativas, realizadas a gran escala y durante cierto tiempo, a nivel nacional e internacional. Esto demuestra que un trabajo serio y esforzado puede tener resultados positivos. Esta es una lección muy importante. Las cosas no se dan por sí mismas. El segundo hecho que llama la atención fue la diversidad y la disposición a cooperar entre tantos grupos muy diferentes. Vinieron de todas partes y normalmente, no tienen mucho que decir unos a los otros. Había grupos indígenas, de solidaridad con el Tercer Mundo, trabajadores estadounidenses del acero, ecologistas, gente interesada en asuntos comerciales, y todos encontraron una especie de agenda común. Sobre la base de esos intereses comunes participaron con un gran espíritu de cooperación."

III) Otoño en Praga

Durante la semana del 30 de noviembre al 1 de diciembre de 1999 en Seattle, estado de Washington, más de 50 mil personas protestaron contra la realización del Congreso de la Organización Mundial del Comercio. Las protestas derivaron en una batalla con la policía que impidió la inauguración oficial de la Ronda del Milenio. Este hecho fue el punto de partida de las luchas contra el neoliberalismo y la globalización económica.

Luego se produjeron airados reclamos en Davos, a fines de enero de este año, donde se reunía el Foro Económico Mundial. El tercer capítulo se produjo durante la Asamblea del FMI en Washington del 16 al 17 de abril pasado, donde unas 14 mil personas intentaron evitar su realización. Hubo 800 arrestos y tres heridos leves.

El 1 de Mayo londinense se encontró con unas 7 mil personas en las calles. Hubo 18 heridos entre manifestantes y policías. Mientras, en Berlín unos diez mil manifestantes marcharon bajo la consigna "destruir los centros imperialistas" y también se enfrentaron con la policía.

Para el resto del 2000 la organización internacional Peoples Global Action (AGP) elaboró una agenda de activas demandas "contra el libre cambio y la Organización Mundial del Comercio". Del 4 al 6 de junio próximos se organizará una protesta ante la reunión de 34 delegados de los países que componen la OEA a realizarse en Windsor, Canadá. Allí se debatirá sobre salud y la cuestión social en la población mundial. Cuatro días después irán a Calgary, Canadá, a las puertas del Congreso Mundial del Petróleo donde asistirán ejecutivos de 3000 multinacionales.

Entre el 22 y el 25 de junio se realizará la Cumbre Alternativa de Ginebra, que cuenta con el apoyo del gobierno de la ciudad suiza que aprobó financiar un tercio del presupuesto del evento. Este Encuentro alternativo, es en relación con la Cumbre Social Mundial de las Naciones Unidas, convocada para esas fechas.

Entre el 11 y el 13 de setiembre estarán en Melbourne, Australia cuando se realice el Foro Económico Mundial, tres días antes del inicio de los Juegos Olímpicos 2000.

Pero la gran cita de este año será la semana del 22 de ese mes en Praga, República Checa. Allí se movilizarán, contra la asamblea anual del FMI, hombres y mujeres disconformes de todo el planeta.

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