Informe especial sobre las incursiones paramilitares en la zona de Río de Cuatro
comandantes paramilitares dirigieron ataque contra el territorio venezolano

Por: Agencia de noticias del pueblo (ANPA) Publicado: 02/04/03
http://www.aporrea.org/dameverbo.php?docid=5992


Especial para Aporrea.org de la agencia de noticias del pueblo (ANPA)
Infografía, fotografias y reportaje escrito. Micro documental audiovisual próximamente.

Un coronel del ejército colombiano habría proporcionado armas y orientación táctica a las Autodefensas para la incursión.

Comunidades se desplazaron a las montañas y zonas rurales donde empezaron a recibir alimentos enviados por organizaciones humanitarias, pero necesitan medicinas y ropas.

"Regresar a Colombia en estos momentos es iniciar un camino seguro hacia la muerte", afirman los que abandonaron ese país afectados por la violencia paramilitar.

Informe especial sobre las incursiones paramilitares en la zona de Río de Oro, elaborado por el equipo de investigación de la AGENCIA DE NOTICIAS DEL PUEBLO, (ANPA), medio de comunicación social alternativo que estuvo en esta zona de la frontera con Colombia donde obtuvo testimonios de hombres, mujeres, niños y ancianos afectados por la devastación material, psicológica y social que han dejado en la población civil estos hechos de extrema violencia. pronto reportaje audiovisual.


Herida causada por Leimaniasis contraida en la selva por picada de insecto, mientras huia de la masacre.

A cuatro agrupaciones paramilitares del departamento Norte de Santander son atribuidas las incursiones del martes 18 de marzo y días posteriores que han dejado masacres, desplazamientos, desapariciones, torturas, retenciones y otras formas de violación a los derechos humanos en la población civil establecida en las ribera venezolana de río de Oro, exactamente en el eje constituido por La Vaquera-La Escuelita-Frontalia e inmediaciones de la misión indígena Barí de Bokshí en la Sierra de Perijá.

En esta porción del territorio zuliano perteneciente a la parroquia Barí del municipio Jesús María Semprún, Sur del Lago de Maracaibo, las Autodefensas asesinaron a nueve campesinos colombianos y venezolanos, quemaron tres escuelas- la Unidad Educativa Simón Bolívar, Antonio José de Sucre, en Frontalia y Ana María Campos, situada cerca de la comunidad indígena barí- donde estudiaban aproximadamente 500 niños de los caseríos circunvecinos y provocaron el éxodo forzado hacia zonas montañosas de más de 1.500 personas, 300 menores entre ellas. Sin embargo, se cree que el número de muertos puede ser mayor porque hasta ahora nadie ha levantado los cadáveres que se encuentran en avanzado estado de descomposición.


Expendio de medicinas antes del ataque de los paramilitares. Foto de archivo proporcionadas por maestros de la UE Simón Bolivar, instalaciones comunitarias destruidas por los paramilitares.

Muchos de los emigrados han contado con la solidaridad, tierra adentro, de pobladores que aún no han sido tocados por el terrorismo paramilitar, pero también es alto el número de ellos que se encuentran a la intemperie en la montaña, donde deambulan sin alimentos, ropa, ni medicinas. Algunos niños y adultos sufren diarreas y otras enfermedades, pero preocupa especialmente a la comunidad de desplazados, el caso de una menor, que era alumna de la escuela Simón Bolívar, afectada de leishmaniasis cutánea, cuya ulceración en la pierna izquierda, avanza lentamente debido a que la niña no ha recibido el tratamiento adecuado por falta de médicos en la zona y a las dificultades para trasladarla a un hospital urbano.

Durante los ataques contra la población civil y el territorio venezolano verificados entre el martes 18 y el viernes 28 de marzo de 2003 en Río de Oro, los paramilitares, además de las escuelas, también quemaron y saquearon una cooperativa de víveres, el expendio de medicinas y un salón de video, obras de urgencia humana que la comunidad había desarrollado por vía autogestionaria en una porción territorial que sufría una desasistencia estadal de vieja data. Así mismo, mataron aves, ganados, animales domésticos y se llevaron todo lo que constituía el patrimonio básico de las familias, principalmente las embarcaciones con sus respectivos motores fuera de borda, el único medio de transporte y de trabajo que existe en ese corredor fluvio-fronterizo. Los agraviados huyeron a la selva sólo con lo poco que pudieron salvar de la sangrienta depredación. Se estima que medio centenar de ellos pudieron salir, tras caminatas de 8 y 10 horas, a algunos centros poblados de los estados Zulia, Táchira y Mérida.


El ataque dejó una huella dificil de borrar en la mente de los niños del lugar.

Según lo investigado, desde mediados de 1999, el proyecto paramilitar en la frontera colombo-venezolana por los estados Zulia, Táchira y Apure, ahora fortalecido con los recursos militares y económicos suministrados por Estados Unidos a través del Plan Colombia, venía estableciendo bases contra, similares a las que accionaron contra Nicaragua desde Honduras para atacar a la guerilla colombiana a la que creen está instalada en territorio venezolano.

En este plan se han involucrado factores del terrorismo de Estado y la inteligencia militar colombiana, así como sectores de la oposición en Venezuela que buscan crear tensiones para derrocar el gobierno del presidente constitucional Hugo Chávez Frías, quien según estos sectores apoya la insurgencia del vecino país llamada por ellos terrorista.

La entrada de los paramilitares a la denominada región del Catatumbo ocurrió el 24 de mayo de 1999 y el 29 de ese mismo mes ejecutaron la primera masacre en la población de La Gabarra, municipio de Tibú, donde asesinaron a hombres, mujeres, niños y ancianos e iniciaron un sitio- en este momento reforzado en la zona de Río de Oro- para impedir el ingreso de alimentos y medicinas y también la salida a los mercados de los bienes agrícolas producidos por las comunidades campesinas y los indígenas barí.


Foto de archivo muestra el video-club comunitario antes de los ataques.

Desde entonces han sido asesinadas más de 3 mil personas y desaparecidas otras tantas, situación que ha llevado a los campesinos emigrados a Venezuela a la conclusión, que regresar a Colombia es " iniciar un camino que los conducirá a la muerte".

La afirmación, según la cual, las fuerzas militares colombianas que nunca han combatido a estos grupos opuesto resistencia a estos grupos y parecieran ser cómplices, tiene el consenso de las comunidades desplazadas y también el de los pobladores que llegaron a estos espacios fronterizos hace décadas, mucho antes de que se desencadenara la actual situación de violencia.

Demandan una vez más la protección de los organismos que tienen que ver con el derecho internacional humanitario, rechazan la campaña de distorsión que adelantan los medios de comunicación social del status quo de Colombia y Venezuela que los presenta como " auxiliares de las organizaciones insurgentes y terroristas" y se definen como gentes laboriosas con un gran espíritu de progreso que antes de ser víctimas de los paramilitares producían lo que consumían para no causarle costos a la economía y al presupuesto venezolano.


Las las víctimas y testigos relataron los horribles momentos del ataque. Según ellos, los "paras" ingresaron a territorio venezolano con armamento de última generación.

Desde 1999 hasta hoy las incursiones paramilitares en río de Oro se venían incrementando y el miércoles 19 a las 5 de la mañana estos grupos decidieron actuar contra el territorio y la soberanía venezolana cuando cruzaron este cauce navegable desde la población de La Pista para asesinar, saquear y destruir bienes individuales y colectivos de más de 500 personas en el sitio conocido como La Escuelita.

Dos campesinos que habían sido capturados por las Autodefensas y estaban a punto de ser ajusticiados lograron escapar lanzándose por un barranco de más de 40 metros de profundidad. Antes de la evasión fueron torturados y pateados para que revelaran la supuesta presencia de la guerilla en territorio nacional.

Durante el cautiverio de varias horas que los prisioneros interrumpieron en momentos en que aviones venezolanos bombardeaban a los paramilitares, éstos revisaban una extensa lista que contenía nombres de numerosos pobladores, suministrados al parecer por infiltrados o informantes de la propia comunidad que ya están identificados.


 


Muchos de los testigos pidieron no ser fotografiados, otros dicen no tener miedo.

Las víctimas y testigos relataron que los "paras" ingresaron a territorio venezolano con armamento de última generación, uniformes militares nuevos, modernos equipos de comunicación entre ellos, radios de largo alcance, teléfonos satelitales y unidades GPS. También portaban insignias de tropas de contrainsurgencia de Colombia, brazaletes del Ejército de Liberación Nacional y del Honor es su Divisa de la Guardia Nacional venezolana.

Inicialmente dispararon contra helicópteros venezolanos que iban a desembarcar tropas, hecho que obligó a los militares a suspender esta operación para bombardear posteriormente a los invasores con aviones bronco y F-16, procedimiento que según se ha podido conocer extraoficialmente en la zona causó unas 40 bajas a los paramilitares quienes fueron observados por testigos cuando éstos trasladaban a la ribera colombiana en las canoas que robaron a la población, a sus muertos y heridos para no dejar evidencias de su incursión en el territorio venezolano.


Los niños de la zona están aterrorizados.

El martes 18 los paras retuvieron en la orilla colombiana una canoa en la que viajaban María Belén Ruiz y sus hijos menores Nélida María Villasmil y Jesús Enrique Villasmil, ambos alumnos de Unidad Educativa destruida, Simón Bolívar. El grupo familiar fue posteriormente liberado al igual que un grupo de indígenas barí que transportaba víveres en una embarcación.

Jesús Villasmil, venezolano, esposo de Nélida y padre de los menores, abandonó la zona tan pronto recuperó a su familia. Tenía 5 años al frente de una finca de ganado que fue desbastada por los paramilitares.

El viernes 28 y el domingo 30 de marzo la fuerza aérea venezolana entró nuevamente en acción porque los paramilitares hostigaron la base de protección fronteriza situada en la confluencia de los ríos de Oro y Catatumbo.

La población, que dio detalles de lo ocurrido durante estas incursiones, pero pidió reserva de identidad para intentar seguir viviendo, dice que existen indicios que indican que en la comisión de tales actos de barbarie y crueldad también participaron militares colombianos, particularmente de la V Brigada, unidad que tiene esa región bajo su jurisdicción y cuya sede se encuentra en la ciudad de Bucaramanga, departamento de Santander. La V Brigada del Ejército colombiana reconocida por aplicar fielmente los procedimientos contrainsurgentes establecidos en los manuales del US Army, que incluyen la tortura y las desapariciones, es llamada en el vecino país la Escuelita de las Américas (Ver información sobre la Escuela de las Américas original en www.soaw.org).

Se estima que a territorio venezolano ingresaron violentamente más de 500 paramilitares que coparon nueve puntos de la frontera en el eje La Vaquera-Escuelita-Frontalia-Cooperativa .


En el ejercito colombiano hay una "escuelita", pero no es para educar a los niños como estos.

Después del bombardeo cuando se fueron los soldados venezolanos reingresaron para dejar unos 60 hombres en el sector conocido como La Escuelita, el que atacaron con más saña, pero salieron de esa zona nuevamente hacia el lado colombiano debido al continuo patrullaje de la Fuerza Armada Nacional. No se tiene información que indique que el Gobierno colombiano haya movilizado tropas a su frontera para combatir a los grupos de paras que este lunes por la noche se encontraban en la zona de La Pista, desde la cual disparaban a discreción contra todo lo que se movía en el litoral venezolano.

También se verifica información, según la cual, las Autodefensas Unidas de Colombia, estarían presionando a las comunidades indígenas Barí venezolanas para ganárselas como cooperadores.

En ese sentido se investiga el dato sobre una supuesta reunión de las AUC del Catatumbo con representantes de la etnia barí para lograr su intermediación en la expulsión con sus armas- el arco y las flechas- de un grupo de campesinos colombianos que cultivaban desde hacía años parcelas cerca de la misión indígena de Bokshí. Para ello, las Autodefensas han venido inculcando a los indígenas sentimientos xenófobos contra la población colombiana.

UN CORONEL Y 4 COMANDANTES DE LAS AUC DIRIGIERON INVASIÓN Y MATANZA EN EL TERRITORIO VENEZOLANO


Los niños son los más vulnerables en estos ataques paramilitares.

La detección de una Escuela de Entrenamiento de Paramilitares cerca de la frontera con Venezuela y la presunta implicación de un coronel del ejército colombiano y de tres comandantes de las AUC en la invasión al territorio venezolano la semana anterior en la línea litoral de Río de Oro- la cual fue traspasada 12 kilómetros- son considerados en medios de inteligencia hallazgos relevantes para el desmantelamiento de planes de desestabilización en esta franja geoestratégica del territorio nacional.

El coronel es comandante de un batallón contraguerilla en el corregimiento de Filo Gringo, situado a orillas del río en el llamado Catatumbo Medio.

La información que se evalúa revela que el oficial habría proporcionado 37 granadas de alto poder a los paras que atacaron e invadieron la frontera venezolana.

Las unidades de las AUC que participaron en estas operaciones, de acuerdo con los detalles revelados por fuentes de alta credibilidad al equipo de Anpa en la frontera, son el Bloque Móvil, integrado por 115 hombres que atacó por el cono conformado por La Vaquera, en río de Oro y la base venezolana en el bajo Catatumbo; El jefe para, conocido como Mauricio o Antonio, ingresó por La Escuelita, donde destruyó la Unidad Educativa, la Cooperativa de Víveres y un expendio de medicinas. También accionaron contra la soberanía venezolana, el comandante Joselo, quien se mantiene en la población de La Pista, frente a la frontera venezolana y el grupo de El Bachiller que cruzó río de Oro para entrar por aguas arriba de Río de Oro, cerca de la comunidad barí venezolana.

Aún no hay resultado de estas investigaciones, pero se sabe que el gobierno de Hugo Chávez ha ordenado una fuerte movilización de tropas que inició el despeje - mutatis mutandi-de la región.


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